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Saturday, February 28, 2026

La doble contabilidad del escritor

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Wilson Rogelio Encisohttp://wrenciso.com
Wilson Rogelio Enciso (Chaguaní, Colombia, 15 de julio de 1958), profesional en Ciencias Políticas y Administrativas (Administrador público), posgraduado en Administración de la Planeación Urbana y Regional y diplomado en: Lotus Notes – Learnig Space (Educación Virtual), Docencia Universitaria, Educación a distancia y en Planeación Estratégica. Funcionario del Estado colombiano de 1978 a 2015. Ocupó cargos profesionales en investigaciones administrativas, asesoría, auditoría, control interno público y en gestión de proyectos de inversión. Docente universitario de 1989 a 2012 en: Universidad Antonio Nariño (UAN), Universidad Central, Escuela de Administración de Negocios (EAN), Universidad Santo Tomás (USTA), en el Instituto Militar Aeronáutico (Escuela de Posgrados de la FAC), donde recibió el título de Profesor Emérito, así como en otras instituciones de educación superior del Ejército Nacional de Colombia. Obras publicadas Novelas La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe, 2016. Con derrotero incierto, 2017. Enfermos del alma, 2018. El frío del olvido, 2019. Matarratón, 2021. El valle de las apariciones – Novela Coral, 2022. Berenice, una mujer feliz, 2022. Sin afán ni olvido, 2023. Historias guardadas, 2023. ENTROPÍA, 2024. La sociedad de la mentira, 2025. Narraciones e historias cortas Amé en silencio, y en silencio muero, narraciones románticas, 2017. Canto Planetario – hermandad en la Tierra, 2023, participante. Relatos subcontinentales imperfectos, 2024. Momentos idos, Narraciones románticas II, 2025 Relatos y cuentos en Revista Latina NC (USA), Revista One Stop (España), Revista Guka (Argentina) y en redes. Gestor de la iniciativa literaria ‘Una novela para cada escuela’, con la cual incentiva la lectura en la juventud. Lleva donados casi doscientos ejemplares de sus obras en Colombia, Estados Unidos, México, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, España y Argentina. Algunas figuraciones: IV y V Premio Mundial “César Vallejo”, modalidad de literatura, 2023 y 2024; International Latino Book Awards, en la categoría Mejor Novela de Ficción en español, por la novela 'La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe', Los Ángeles, California, 2019, 2do lugar; Séptimo Premio de MICRORRELATOS REVISTA GUKA 2019 y mención especial en MICRORRELATOS REVISTA GUKA 2020, Buenos Aires, Argentina. Página: wrenciso.com

En casi todas las reuniones a las que últimamente voy, más temprano que tarde soy abordado con infaltables preguntas contables, en nada relacionado con la temática literaria de mis obras, por parte de familiares, amigos, conocidos y extraños concurrentes.

—Y, ¿cómo te va con las novelas? —pregunta uno.
— ¿Se ha vendido algo? ¿La gente todavía compra y lee libros? —réplica el otro.
—¿Eso sí da plata? —insiste aquel.
— ¿De eso se puede vivir? —cuestiona el de más allá.
— ¿Vas a seguir con eso? —restriega el segundo.

A estas preguntas, las más comunes, ya otras tantas aún más ‘amenas e interesantes’ suelo responde siempre con una sonrisa atrapada entre mis caninos.
No solo es en esas reuniones protocolarias que me abordan al respecto. En la solemne intimidad de mi hogar y entorno familiar este también es tema de esquivas, incompletas e insatisfactorias conversaciones. Allá, sin decírmelo, lo sé, me llevan una milimétrica, recóndita y racional contabilidad entre lo que saben, o intuyen, que he desembolsado por conceptos de edición, publicación, impresión, distribución, publicidad, envíos y otros rubros internos, versus el flaco producto efectivo recibido por los ejemplares vendidos. Por lo que, al final de sus periódicos balances, en términos mercantiles, y sin exponerlo de manera abierta, lo cual no deja de ser claro en la luz intensa de sus familiares pupilas, el resultado siempre ha de ser el mismo: ¡Déficit! ¡Pérdida! ¡Mal negocio! ¡Perdedera de tiempo!
Esto, amén de los ejemplares que van con cargo directo al P&G del autor. Unos, porque los dono a las bibliotecas de los municipios, dentro de mi rocinante campaña: “Una novela para cada escuela” (wrenciso.com). Otro tanto, por los que obsequio con azarosos motivos promocionales.
Así las cosas, las sumas no les cuadrarán. Debe y haber, que dentro de la lógica contable tendrían que arrojar sumas iguales, no lo serán. Les aparecerán dispares. El segundo, seguro, será mayor que el primero. ¡Déficit! ¡Pérdida! ¡Mal negocio! ¡Una perdedera de tiempo!, gritarán en silencio, no sin ese asfixiante y tan humano deseo de hacérmelo explícito, para recomendarme que deje tal industria que no me produzca nada.
Desde luego que, tanto los de mi entorno sagrado familiar inmediato, así como los beneméritos asistentes a esas reuniones, ignoran que el verdadero equilibrio que le interesa y concierne a un escritor es probable que aquellos no lo entiendan, ¡sientan! o les import. Pues, este no tiene que ver con sumas iguales en términos mercantiles. A la partida doble, tratándose del negocio de un escritor, hay que darle una connotación, trato e interpretación especiales. Lo cual, para conservador algún revisor fiscal o avezado contralor, quizás le suene a doble contabilidad. ¡Que lo es!, más no en términos legales y fiscales.
La respuesta, tanto para las incisivas preguntas como válidas preocupaciones mercantiles y fiscales de unos y otros, se sintetiza en una frase: Quien aspira a amasar de manera fácil, rápida y segura una gran fortuna, medible en unidades monetarias, debe elegir una senda que no sea la de escribir. Encamínese por un negocio distinto al del escritor. Esto no quiere decir la inexistencia de alguno, o algunos, que hayan prosperado en estos términos, o que lo vayan a hacer con este oficio. Los hay, mas no es el común, al menos al comienzo de la larga y tortuosa carrera por la enmontada senda de la literatura. Pocos lo logran, casi siempre cuando el lucero de la tarde comienza a despuntar en el poniente. Otros, al menos en nombre, tras esfumarse el olor esparcido por los incensarios durante su postrer adiós.
El escribir, más que negocio mercantil, es una goma, ganas, un deseo, una necesidad de carácter único y exclusivamente personal. Se trata de una fuerza inexorable e incontrolable que motiva, impulsa, obliga. El oficio de escribir implica y produce una satisfacción espiritual, antes que la seguridad de un futuro económicamente promisorio. Y el escritor lo sabe, o al menos lo intuye, y sin importarle mucho se arriesga. Para un escritor, escribe refocila su alma. Le trae paz, la cual se incrementa con cada frase terminada, publicada, leída, recordada por alguien.
La verdadera riqueza que puede acumular un escritor, y que en última instancia es lo único que le importa, es el placer de ser leído. Que sus letras despierten emociones insospecchadas en ignotos lectores perdidos en lontananza. Que sus párrafos obligan o impulsan a alguien a entablar con el autor, a la distancia, indescriptibles y mudos diálogos. El verdadero tesoro del escritor lo constituye ese placer cuando sus frases le permiten al lector encontrar una respuesta difícil, escondida. La cual, tal vez, fuera del mundo de la literatura, esté prohibida, sea castigable, pecaminosa, fantástica, irreal.
El más horrible cheque que puede llegarle a las arcas de un escritor es saber que alguien quiera leerlo, que lo está haciendo, que lo ha leído y, mejor aún, que lo quiere volver a leer. Esto hace, entonces, que el escritor, por ese caro público, cada vez más escaso, sin importar cómo, sin escatimar en costos, que de alguna manera se resuelven, quiera y se sienta obligado a responderle, a ponerle en su mano más frases suyas. Sería inaceptable que por algún pretexto mercantil ese ávido lector no tenga la oportunidad de acceder a sus nuevas letras y todas sus obras.
Sin embargo, y volviendo a la lógica de la partida doble, válida preocupación del entorno familiar e inquietud indirecta del círculo de conocidos, el escritor, además de su mera satisfacción, debe tener en cuenta, no obviar por completo, aquel asunto mercantil. Por ello, tendrá que llevar a cabo una doble contabilidad. Lo que implica tener dos frentes productivos. Uno, necesariamente, el del sustento básico, personal y familiar, para su tranquilidad. De este, además, tendrá que disponer una parte para patrocinar y mantener vivo su vicio literario, desde su génesis hasta su publicación y entrega al lector.
En este frente productivo el balance, la relación ingresos versus costos, entradas frente a salidas, debe arrojar al final de cada período, como mínimo, sumas iguales. De juiciosos es evitar el déficit que conlleva a la sin salida que ofrece la amebiana alternativa financiera para sostener gastos insostenibles, con su invisible, más no por eso inexistente, cadena de réditos, casi a perpetuidad. Fatal círculo vicioso que termina, no solo con la paz del espíritu, sino con toda la creatividad literaria, por ende, con cualquier posibilidad de seguir cumpliendo al lector.
En la otra contabilidad, en la literaria, no importa que lo invertido, que lo gastado, siendo esta una parte de lo que deja la primera fuente, la productiva, sea infinitamente superior a lo recibido, en términos mercantiles. Esto, en tanto los beneficios recibidos con aquel vicio, es decir, el que haya lectores para lo que escribe, ya estos les genere satisfacción, se percibieron, así no se recibirán de inmediato… o en vida.
Lo anterior me permite dar respuesta y explicación a otra de las reiteradas preguntas e inquietudes que suelen plantearme: ¿Por qué comenzó a escribir hasta los 57 años? Entonces, de nuevo, y con una sonrisa atrapada entre mis colmillos, les manifiesto que lo llevo haciendo desde los once o doce años. Desde cuando, en la biblioteca del Concejo de Bogotá, muy cerca de la Plaza de Bolívar, luego en la Luis Ángel Arango, cuatro cuadras más hacia el oriente, me hice amigo de, entre otros, Shakespeare, Dostoievski, Gógol, Cervantes, Dumas, Quevedo… Con quienes tuvo un diálogo fluido desde entonces a través de sus increíbles personajes que me contagiaron el vicio, no solo de la escribidera, sino de la lectura. Que son compadres indisolubles.
Sí, les manifiesto que con este vicio de la escribidera llevo más de cuarenta años. Razón por la cual tengo material que podría publicar muy seguido y durante un buen tiempo. Más de lo habitual para un escritor. Sin embargo, debo contar con los remanentes del saldo contable de mi actividad productiva principal: la pensión gubernamental, aumentada con la ausencia de afugias por tener que ir a trabajar y disponer del espacio suficiente para dedicarme a mis dos máximos placeres, después del amor, o el desamor, a esta edad como que los dos son lo mismo: leer y escribir.
En cuanto a publicar, en eso sí tienen razón. Tengo que reconocerlo. Comencé a los 57 cuando Ani Palacios, presidenta de Pukiyari Editores y Contacto Latino, me lo propuso en abril del 2016. Me ofreció sus servicios editoriales, con carga asequible, para publicar La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe, finalista en el Premio Internacional de Novela Contacto Latino. Después vino Con derrotero incierto, luego, en 2017, Amé en silencio, y en silencio muero y otras más, a razón de, al menos, una por año.
En síntesis, a publicar comenzó desde el 2016, a los 57 años. A escribir, les preciso, desde cuando en la preadolescencia, a los once o doce años, contraje el virus de la literatura en aquellas dos bibliotecas bogotanas. Pasión por leer, delirio lector que estoy dispuesto a contagiarle a la mayor cantidad posible de jóvenes, al menos con mi campaña de llevar lectura a las bibliotecas municipales de Colombia… ¡en principio!

Tengo que agregar, para que quede claro el tema de ingresos y egresos, sobre todo por aquello de la doble contabilidad como escritor, que a la vez que contraje el virus literario, comencé a trabajar, inicié mi proyecto productivo. Desde luego, con dedicación y predominio del productivo sobre el literario.
Es así como con el producto de esos más de cuarenta años de ardua e ininterrumpida labor, hoy puedo, en parte, garantizar que mi primera contabilidad, la de mis ingresos y egresos mercantiles, incluidos entre estos últimos los relacionados para mantener los literarios, al menos, al final de cada mes, sus sumas fiscales sean iguales. Sin déficit, aunque, tampoco, en ningún mes, arroje superávit.
Ahora bien, si algún día esto llega a suceder, que en la primera contabilidad haya utilidad, tal beneficio adicional será dedicado, de inmediato, para incrementar el virus literario en la juventud del mundo y, con ello, catapultar la satisfacción para los lectores. Pues, en este segundo balance, el de la contabilidad literaria, desde mayo de 2016, cuando publiqué mi primera novela, y no solo comenzó a ser leída, sino que inició a llevarla a algunas instituciones de educación pública en municipios de mi país y luego en otros lares, el superávit no ha parado de crecer.
Gracias, lectores, donde quiera sea que se abran sus personas. Ustedes son la razón de mi escribidera y de la doble contabilidad que llevo.

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