Jamás imaginé que algún día algo así me ocurriera… ¡y por partida doble!, tan de repente, dramático, doloroso y sin posibilidad de recuperación, ¡al parecer!
Durante mucho tiempo aposté a la dupla del querer, a la par con el poder. Ignoraba que en cualquier momento la ruleta de la vida me sentenciaría a tan duro padecer.
Ni que me pasase a estas alturas de mi existencia que, desde ahora, la siento en declive, además de comenzar a percibir, por doquiera vaya, las brisas tibias del atardecer.
A la par fue la rotura del metacarpo de mi cuarto dedo de la derecha, a pocos días de tu partida, tras escribirme esa imperfecta décima, cual aparente bonito renacer:
Aquellos amores*
Nunca diré que te amé.
Nadie sabrá que sufrí.
Sí, en silencio lo viví
y grandes penas pasé.
Alguna vez me pregunté:
¿Qué pasará si te olvido?
Me contestó el destino:
Asidos juntos estarán.
Los amantes no dejarán
aquel placentero nido.
Que más que preludio del amanecer, como pensé y creí al evocar esos besos de alelí que nos ofrendamos en invierno y primavera, fue el más aciago anochecer.
Huele a tristeza y a dolor del alma, crepita nostalgia en el corazón baldío… Me duele, inmenso, tu pasado oscuro, ¡pero lo acepto! ¡Te fuiste al caer la tarde! **
¡Pese a todo! ¡Ay!, ¡me consume el hastío! Algo así como en ‘El Frío del olvido***’, la historia de un país que lo tenía casi todo, menos amor patrio ni libre albedrío.
Poco después fue esa caída con rotura de mi cuarto dedo de la mano derecha; tal vez por ir pensando en ti, al imposible lograrte sacar de aquí…
Ni poder… o querer borrar tu nombre de mi agobiado corazón, ahora más que partido… sufrido… ido… ¡Olvidarte no he logrado! ¡Ni modo!
Dolor, prisas, ‘Procedimiento conservador —me dijo el especialista tras algunos rodeos— ¡sin cirugías!, por su edad y preexistencias: ¡mejor que el dedo sane solo!’
Yesos, férulas, trauma, incomodidad, para laboral, demora, soledad, literaria improductividad… vacío en el alma* que por más que intenta no encuentra calma.
Radiografías, controles, rehabilitación física, luego ocupacional, por la desplazada de los dedos y la pérdida de fuerza… no solo en mi diestra, ¡también en mi esencia!
Durante las terapias para recuperar movilidad y zanjar rigidez, además del dolor físico, conocí un poco más el padecer de la ‘…amada patria’, de muerte también ‘herida’.
Allá interactúe con una amable y experta facultativa, su gentil auxiliar y varios pacientes. Compatriotas todos con lesiones, no solo físicas, también en sus mentes.
Amén de los de la sección de inmaturos, donde la guapa y cariñosa terapeuta les estimula a los ángeles anticipados la estructura sicomotora para su mágica existencia.
Lesiones corporales en todos causadas, por lo general en el trabajo, en sus respectivos y álgidos campos de batalla, en la aridez de la calle o al nacer antes de tiempo.
Como el de esa aguerrida piloto alcanzada por esquirlas de un dron que estalló cerca suyo, afectándole su humanidad, en parte su carrera y tranquilidad espiritual.
Ni qué decir de aquel joven, víctima de la delincuencia. No le dieron tiempo siquiera de reaccionar. Lo acuchillaron por doquiera cuando iba rumbo a su trabajo.
Congenié con un jovial integrante de una orquesta. Se cayó de su patineta eléctrica en un bache vial al salir de un entrenamiento. Sufrió lesiones similares a las mías.
Su mayor preocupación, porque tocaba con genialidad la percusión, es que la lesión no le afecte en el futuro su máxima aspiración, inherente a su vocación.
Varias damas, entre estas una espectacular rubia, padecían de estrés y sistemas nerviosos alterados, producto, no solo de su labor, especial… por el acoso diario.
Tremendo lo de ese oficial quemado con gasolina por rescatar a otro que la imbuida comunidad secuestró y le prendió fuego al considerarlo contrario a sus idearios.
Párrafo aparte merece un joven que perdió en un accidente profesional parte de su torso superior derecho, incluido su brazo. Pese a todo, ¡sonríe a ratos!, ¡cual si nada!
Escuchando y viendo a estos pacientes, no solo me enteré de estas y otras de sus historias complejas; algunos las gritaban con un silencio más que elocuente y triste.
Les afloraba nostalgia social, en contubernio con calvarios afectivos, secuelas de sus desdichas. Entonces, allá concluí que todos ‘Enfermos del alma’**** andábamos.
Pero no solo los de esa sala de terapia. La patria desahuciada estaba, dividida de manera artera por unos que del dolor ajeno sus insondables y olorosos bolsos llenan.
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*Momentos idos, Compilación de narraciones románticas II, wrenciso, 2025, pág. 93.
**Amé en silencio, y en silencio muero, wrenciso, 2017, ‘El olor a la tristeza’, pág. 45.
***EL frío del olvido, wrenciso, Pukiyari, 2019.
****Enfermos del alma, wrenciso, Pukiyari, 2018.

