Sala de terapia

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‘Ser maestros…’ *

Tejedor de silencios*

Sonrisa vespertina

Wilson Rogelio Encisohttp://wrenciso.com
Wilson Rogelio Enciso (Chaguaní, Colombia, 15 de julio de 1958), profesional en Ciencias Políticas y Administrativas (Administrador público), posgraduado en Administración de la Planeación Urbana y Regional y diplomado en: Lotus Notes – Learnig Space (Educación Virtual), Docencia Universitaria, Educación a distancia y en Planeación Estratégica. Funcionario del Estado colombiano de 1978 a 2015. Ocupó cargos profesionales en investigaciones administrativas, asesoría, auditoría, control interno público y en gestión de proyectos de inversión. Docente universitario de 1989 a 2012 en: Universidad Antonio Nariño (UAN), Universidad Central, Escuela de Administración de Negocios (EAN), Universidad Santo Tomás (USTA), en el Instituto Militar Aeronáutico (Escuela de Posgrados de la FAC), donde recibió el título de Profesor Emérito, así como en otras instituciones de educación superior del Ejército Nacional de Colombia. Obras publicadas Novelas La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe, 2016. Con derrotero incierto, 2017. Enfermos del alma, 2018. El frío del olvido, 2019. Matarratón, 2021. El valle de las apariciones – Novela Coral, 2022. Berenice, una mujer feliz, 2022. Sin afán ni olvido, 2023. Historias guardadas, 2023. ENTROPÍA, 2024. La sociedad de la mentira, 2025. Narraciones e historias cortas Amé en silencio, y en silencio muero, narraciones románticas, 2017. Canto Planetario – hermandad en la Tierra, 2023, participante. Relatos subcontinentales imperfectos, 2024. Momentos idos, Narraciones románticas II, 2025 Relatos y cuentos en Revista Latina NC (USA), Revista One Stop (España), Revista Guka (Argentina) y en redes. Gestor de la iniciativa literaria ‘Una novela para cada escuela’, con la cual incentiva la lectura en la juventud. Lleva donados casi doscientos ejemplares de sus obras en Colombia, Estados Unidos, México, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, España y Argentina. Algunas figuraciones: IV y V Premio Mundial “César Vallejo”, modalidad de literatura, 2023 y 2024; International Latino Book Awards, en la categoría Mejor Novela de Ficción en español, por la novela 'La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe', Los Ángeles, California, 2019, 2do lugar; Séptimo Premio de MICRORRELATOS REVISTA GUKA 2019 y mención especial en MICRORRELATOS REVISTA GUKA 2020, Buenos Aires, Argentina. Página: wrenciso.com

Jamás imaginé que algún día algo así me ocurriera… ¡y por partida doble!, tan de repente, dramático, doloroso y sin posibilidad de recuperación, ¡al parecer!
Durante mucho tiempo aposté a la dupla del querer, a la par con el poder. Ignoraba que en cualquier momento la ruleta de la vida me sentenciaría a tan duro padecer.
Ni que me pasase a estas alturas de mi existencia que, desde ahora, la siento en declive, además de comenzar a percibir, por doquiera vaya, las brisas tibias del atardecer.
A la par fue la rotura del metacarpo de mi cuarto dedo de la derecha, a pocos días de tu partida, tras escribirme esa imperfecta décima, cual aparente bonito renacer:

Aquellos amores*
Nunca diré que te amé.
Nadie sabrá que sufrí.
Sí, en silencio lo viví
y grandes penas pasé.

Alguna vez me pregunté:
¿Qué pasará si te olvido?

Me contestó el destino:
Asidos juntos estarán.
Los amantes no dejarán
aquel placentero nido.

Que más que preludio del amanecer, como pensé y creí al evocar esos besos de alelí que nos ofrendamos en invierno y primavera, fue el más aciago anochecer.
Huele a tristeza y a dolor del alma, crepita nostalgia en el corazón baldío… Me duele, inmenso, tu pasado oscuro, ¡pero lo acepto! ¡Te fuiste al caer la tarde! **
¡Pese a todo! ¡Ay!, ¡me consume el hastío! Algo así como en ‘El Frío del olvido***’, la historia de un país que lo tenía casi todo, menos amor patrio ni libre albedrío.
Poco después fue esa caída con rotura de mi cuarto dedo de la mano derecha; tal vez por ir pensando en ti, al imposible lograrte sacar de aquí…
Ni poder… o querer borrar tu nombre de mi agobiado corazón, ahora más que partido… sufrido… ido… ¡Olvidarte no he logrado! ¡Ni modo!
Dolor, prisas, ‘Procedimiento conservador —me dijo el especialista tras algunos rodeos— ¡sin cirugías!, por su edad y preexistencias: ¡mejor que el dedo sane solo!’
Yesos, férulas, trauma, incomodidad, para laboral, demora, soledad, literaria improductividad… vacío en el alma* que por más que intenta no encuentra calma.
Radiografías, controles, rehabilitación física, luego ocupacional, por la desplazada de los dedos y la pérdida de fuerza… no solo en mi diestra, ¡también en mi esencia!
Durante las terapias para recuperar movilidad y zanjar rigidez, además del dolor físico, conocí un poco más el padecer de la ‘…amada patria’, de muerte también ‘herida’.
Allá interactúe con una amable y experta facultativa, su gentil auxiliar y varios pacientes. Compatriotas todos con lesiones, no solo físicas, también en sus mentes.
Amén de los de la sección de inmaturos, donde la guapa y cariñosa terapeuta les estimula a los ángeles anticipados la estructura sicomotora para su mágica existencia.
Lesiones corporales en todos causadas, por lo general en el trabajo, en sus respectivos y álgidos campos de batalla, en la aridez de la calle o al nacer antes de tiempo.
Como el de esa aguerrida piloto alcanzada por esquirlas de un dron que estalló cerca suyo, afectándole su humanidad, en parte su carrera y tranquilidad espiritual.
Ni qué decir de aquel joven, víctima de la delincuencia. No le dieron tiempo siquiera de reaccionar. Lo acuchillaron por doquiera cuando iba rumbo a su trabajo.
Congenié con un jovial integrante de una orquesta. Se cayó de su patineta eléctrica en un bache vial al salir de un entrenamiento. Sufrió lesiones similares a las mías.
Su mayor preocupación, porque tocaba con genialidad la percusión, es que la lesión no le afecte en el futuro su máxima aspiración, inherente a su vocación.
Varias damas, entre estas una espectacular rubia, padecían de estrés y sistemas nerviosos alterados, producto, no solo de su labor, especial… por el acoso diario.
Tremendo lo de ese oficial quemado con gasolina por rescatar a otro que la imbuida comunidad secuestró y le prendió fuego al considerarlo contrario a sus idearios.
Párrafo aparte merece un joven que perdió en un accidente profesional parte de su torso superior derecho, incluido su brazo. Pese a todo, ¡sonríe a ratos!, ¡cual si nada!
Escuchando y viendo a estos pacientes, no solo me enteré de estas y otras de sus historias complejas; algunos las gritaban con un silencio más que elocuente y triste.
Les afloraba nostalgia social, en contubernio con calvarios afectivos, secuelas de sus desdichas. Entonces, allá concluí que todos ‘Enfermos del alma’**** andábamos.
Pero no solo los de esa sala de terapia. La patria desahuciada estaba, dividida de manera artera por unos que del dolor ajeno sus insondables y olorosos bolsos llenan.
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*Momentos idos, Compilación de narraciones románticas II, wrenciso, 2025, pág. 93.
**Amé en silencio, y en silencio muero, wrenciso, 2017, ‘El olor a la tristeza’, pág. 45.
***EL frío del olvido, wrenciso, Pukiyari, 2019.
****Enfermos del alma, wrenciso, Pukiyari, 2018.

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