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Vivo de noche, sueño de día

Que el tiempo se detenga cada noche; que las horas sean elegantes y lentas ondas que avanzan, sin apenas ser vistas, en el lago, fruto del amor de dos cisnes enamorados que pasean invisibles bajo un techo estrellado...

Sonrisa vespertina

Héctor Garzón Leal*, un Aeroamigo fiel, de grata recordación y siempre sonrisa vespertina, aunque las cosas estuviesen difíciles, partió a lontananza al compás del toque de la diana de este jueves 12 de marzo de 2026…

La doble contabilidad del escritor

En casi todas las reuniones a las que últimamente voy, más temprano que tarde soy abordado con infaltables preguntas contables, en nada relacionadas con la temática literaria de mis obras, por parte de familiares, amigos, conocidos y extraños concurrentes.

Ahora que puedes

Porque la vida es corta, ahora que puedes: ¡goza! Mañana quizá ya no estés, o el mundo gire al revés. Ahora que puedes, amigo... baila, baila esta salsa a más no poder. De aquí solo llévate el placer; ven, te invito, danza conmigo. Disfruta cada momento, porque dolor y tormento mejor dejarlos en el ayer, sin siquiera voltearlos a ver.

La pecera adecuada

Cuando 2025 llega a su fin, es inevitable hacer balance de ese año que está por desaparecer y pasar a ese rinconcito que ocupa el recuerdo. Un nuevo comienzo que afrontamos de distintas maneras. Este año he escuchado mucho la frase: «¿Por qué no vives de la escritura?». Antes daba demasiadas explicaciones; ahora mismo solo simplifico diciendo que el mundo editorial está muy complicado. Y quizá lo esté, pero no es la única razón.

La vida

Intenta aprender… Cuando apacigües el alma, cuando disfrutes la tarde caer, con corazón henchido de calma… Y esos recuerdos dejen de arder, la esperanza volverá, la carga se aliviará y la luz del mañana, sin prisa, te inspirará.

Aquel día

Que al final de los adioses del olvido alguien disperse por doquiera mis cenizas, para que la brisa que besa el Alto del Vino se impregne con sonatas, versos y sonrisas… Bucólico paraje donde, en una lomita, ¿recuerdas?, quise hacerte un tibio nido, para encerrarnos allá, en soledad furtiva, a gritar con letras y besos este amor vivido.

De esos besos…

Embelecos del destino hoy tu recuerdo trajo. Te creía olvidada, ida, ausente, lejos. De nuevo tu perfume mi alma conquistó. Ese, tan tuyo… de infinita y jamás prodigada entrega. ¡Seductor efluvio que irradias, tal vez sin darte cuenta!

Una historia guardada

Hace algo más de media centuria, en pleno centro de Bogotá, en un triángulo formado entre la carrera 9° con calle 17 (la oficina del maestro), la carrera 13 con calle 14 (la emisora Radio Santafé) y la calle 17 con la misma carrera 13 (la pastelería Tony), fui testigo exclusivo: vi, sentí y disfruté varios momentos cuando el maestro José Alejandro Morales López estaba componiendo la canción: Me volví viejo.

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