Meditando
Se sincero, equitativo, real y autentico, firme en tus convicciones, no una veleta al viento. Trabaja en la construcción de tu ser, en la formación del carácter y el crecimiento del espíritu siempre con actitud positiva...
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Se sincero, equitativo, real y autentico, firme en tus convicciones, no una veleta al viento. Trabaja en la construcción de tu ser, en la formación del carácter y el crecimiento del espíritu siempre con actitud positiva...
Leer artículoPara la celebración de nuestros cuarentaiséis años de amistad escogimos la finca El Frutal, emprendimiento lúdico de propiedad de uno de nuestros compañeros y amigos: Eliseo Rivera y su gentil como hacendosa esposa señora Maritza, a quienes damos gracias por su recibimiento y hospitalidad.
Uno de los primeros pasos para organizar el viaje a Estados Unidos, será reservar los vuelos. Elegir una u otra aerolínea, dentro de las diferentes que operan en el país, dependerá de factores como el precio, el destino dentro de EE. UU., la disponibilidad de vuelos o de si tienes membresía de viajero frecuente.
Allá en mi Escondite Literario Tropical, sede rural, madrugué a escribir el artículo para cumplir el compromiso con la Revista Latina NC. Necesitaba enviarlo a tiempo para que pudiera ser revisado, editado y publicado el último día del mes. Estaba en esas cuando mi gata salvaje se deslizó por la ventana hasta mi escritorio. Creo que este fue el diálogo mudo que tuvimos… ¡creo!
La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe es una novela de ficción social histórica que nos sumerge en un país subcontinental, enfermo de nostalgia social. La trama se desarrolla a partir de las preñeces pagas que Marco Aurelio Mancipe contrata con su díscola esposa Idalia Gómez Sanclemente. Acuerdo este que cuenta con el soterrado aval de Chavita, el amor escondido de Marco Aurelio, hasta cuando esta lo echa todo al traste al contarlo a los cuatro vientos. Situación que marca el inicio del fin del poderoso e iletrado gamonal.
Remas sin pausas, sin prisas en el caudal de mi recuerdo, emerges, elevas tu vuelo en los abismos de mi alma, sonríes vagamente tras el cristal de la ausencia...
Desde hace unos quince años, tras cumplir los treinta, opté por ir cada mañana al parque del barrio, de 7 a 8, a dar unas cuantas vueltas al trote. Siempre finalizo con unos minutos de estiramiento en la zona de máquinas. Lo hago con regularidad, excepto cuando amanece lluvioso, tengo algo que hacer ese día o los cólicos me lo impiden. No hablo con nadie, más allá de un esquivo y obligado «¡Hola!», cuando uno que otro hombre adulto me saluda, quizá por cortesía al coincidir en rutinas y lugares. Tampoco faltan otros que sacan a esa hora a pasear sus perros e intentan ser amables.